Egipto en familia

Pirámides, templos, desierto, crucero por el Nilo… hacía años que le teníamos muchas ganas a este viaje. Egipto es un destino genial para ir en familia, solo hay que organizarse bien y elegir planes que hagan que tus peques disfruten.

 

La mejor época para viajar

La mejor época del año para visitar Egipto es de octubre a marzo. Nosotros fuimos en el puente foral y allí teníamos temperaturas frías por la noche, pero por la mañana iban subiendo hasta alcanzar los 25 grados. En cualquier caso, lo que te recomiendo es que evites el intenso calor del verano.

 

Preparativos para tu viaje en familia

Para nuestra aventura contratamos un paquete vacacional a Egipto con vuelos directos desde Madrid a Luxor, vuelos domésticos, 4 noches en un crucero por el Nilo con pensión completa, 3 noches en El Cairo con alojamiento y desayuno, traslados, guías en español, documentación, seguro de asistencia y tasas de aeropuerto.

También verás que los paquetes se dividen en categorías (A, B, C y D, siendo esta última la más cara). La principal diferencia está en la calidad de los hoteles, mientras que los cruceros, en nuestra opinión, aparentemente eran bastante similares. Nosotros elegimos la categoría C y nos pareció una opción adecuada.

En vez de las excursiones organizadas, optamos por una agencia local a través de la plataforma “Evaneos”, lo cual fue todo un acierto. Por el mismo precio, tuvimos una furgoneta privada, las entradas a los templos, excursiones y un guía de habla hispana solo para nosotros, permitiéndonos hacer las visitas a nuestro ritmo y adaptarlas a las necesidades y cansancio de nuestras peques 😂. Si te interesa podemos facilitaros el contacto con la empresa local que nos organizó el viaje allí.

Y el preparativo mas importante fue ver películas de Egipto y algún documental para ir ambientándolas y que les picara la curiosidad 😂

La llegada y la primera gran aventura

Llegamos por la tarde-noche al aeropuerto de Luxor y la agencia nos llevó al barco. En el trayecto, las peques ya empezaron con preguntas como: «¿Por qué nadie lleva casco en las motos?». Nos encantó su curiosidad, porque justo eso era lo que buscábamos con este viaje: que conocieran otras culturas y descubrieran que hay otros “mundos”.

Dormimos en el barco y madrugamos a las 4:30 para una de las experiencias más emocionantes: ver el amanecer en globo. A las peques les encantó, aunque casi tuvimos un susto con la pequeña, que dudó en el último momento. Por suerte, se animó y disfrutamos juntos de un vuelo inolvidable. Durante 30 minutos, flotamos en una cesta con otras 22 personas, cada uno con su espacio bien organizado. Lo que más les impresionó fue ver cómo más de 30 globos se hinchaban y despegaban al mismo tiempo, creando un espectáculo increíble. Sin duda, fue una de las cosas que más les gustó del viaje.

Esa misma mañana hicimos una parada ante los Colosos de Memnón y visitamos los Templos de Karnak, el templo de la reina Hatshepsut y el templo de Luxor, aunque de manera rápida. Después, nos dirigimos al Valle de los Reyes, donde al bajar a la primera tumba, tanto las peques como nosotros nos quedamos impresionados. Además, decidimos pagar aparte la visita a la tumba de Tutankamón (unos 10€/persona), una experiencia para ver de cerca al faraón más famoso y, aunque la tumba es una sala pequeñita donde está su momia, tiene cierto halo mágico.

El día fue un palizón para las peques, y para nosotros, tarde de siesta en el barco y disfrutar del crucero.

 

Día de templos

Por la mañana fuimos al templo de Edfu en una calesa (también incluida por la agencia) y por la tarde después de un rato de navegación llegamos al templo de Kom Ombo, el cual visitamos de noche que tuvo su puntillo. Y a pesar de hasta lavarnos los dientes con agua embotellada, la peque empezó a vomitar y tuvimos una noche entretenida.

 

La comida

La comida en el crucero, en general, era mediterránea y especiada. Todos los días había una gran variedad de platos para elegir: arroz (diferente cada día), frutas, carnes, pescados y postres. A nuestras peques no les convenció mucho, pero a nosotros nos gustó y disfrutamos de la diversidad de sabores. La bebida se pagaba aparte (con precios similares a los de aquí).
En Asuán y en El Cairo encontramos un par de McDonald’s  y aunque no era barato según los precios de allí, mis peques lo recuerdan como algo glorioso 😂.

Abu Simbel: ¿Merece la pena?

Al día siguiente, nos dividimos: uno de nosotros se quedó con la peque mientras el otro acompañaba a la mayor a visitar el impresionante complejo de Abu Simbel, formado por dos templos dedicados a Ramsés II y a su esposa Nefertari. El trayecto fue largo, unas 3,5 horas por carretera hasta llegar allí y otro tanto la vuelta.

Para nosotros, la visita no fue imprescindible, aunque sabemos que para otras personas es lo más impresionante del viaje. Los templos son majestuosos y su historia es fascinante, pero el esfuerzo del viaje hasta allí puede resultar agotador, especialmente viajando con peques.

 

Descubriendo Asuán y el Nilo

Con la peque ya recuperada, nuestra siguiente parada fue Asuán, en donde tuvimos varias aventurillas. Allí tomamos una barca hasta el templo de Philae, situado en un islote, y después hicimos un paseo en faluca, un barco tradicional a vela, durante unos 30 minutos. Es una experiencia tranquila y relajante, ideal para disfrutar del paisaje del Nilo.

Más tarde, realizamos otro recorrido en barca a motor, explorando los meandros del río hasta llegar a un pueblo nubio. Aunque el pueblo en sí no tenía un gran atractivo, el trayecto en barca resultó ser una manera de redescubrir el Nilo. Allí, las peques tuvieron la oportunidad de sostener un pequeño cocodrilo con la boca atada, algo que les encantó y que, sin duda, recordarán siempre. De regreso, aprovechamos para darnos un baño en el Nilo, una experiencia refrescante y emocionante.

Pasamos la tarde en el crucero y, por la noche, tomamos un vuelo hacia El Cairo, donde llegamos alrededor de la medianoche.

El sueño de ver las pirámides

La primera pirámide que vimos fue la escalonada de Saqqara. Allí tuvimos la oportunidad de entrar a una pirámide, y claro, ¡las peques alucinaron con la aventura de tener que ir agachadas para llegar a la sala secreta! Después, nos dirigimos a los restos arqueológicos de Menfis, que, sinceramente, no nos impresionaron demasiado.

Comimos en un restaurante bastante occidentalizado, tipo bufé, y luego fuimos a las famosas pirámides de Guiza, las que siempre salen en las fotos 😂. Allí también compramos entradas para entrar en la pirámide de Keops (creo que costaron unos 8 €/persona). A pesar de que no había más que una sala con un calor insoportable y un olor a sudor que era para morirse, ¡fue otra gran aventura! Y mereció la pena. Para rematar el día, habíamos contratado un paseo en camello por el exterior de las pirámides, así que ya fue un día en el que nuestras peques disfrutaron a tope. Vimos la Esfinge y nos cerraron el complejo.

 

El Cairo

Aunque el Museo Egipcio es casi una visita obligada, a nuestras peques no les acabó de enganchar demasiado, a pesar de que el guía intentó captar su atención con preguntas constantes y haciéndolas participar, se les hizo un poco cuesta arriba. Actualmente, están preparando un museo nuevo que tiene muy buena pinta, ya que el actual está bastante viejete y descuidado.

También visitamos la Mezquita de Alabastro que tiene unas vistas muy chulas (si la polución te deja ver algo), aunque lo que más disfrutaron fue perderse en el bazar de Khan el Khalili, explorando sus callejuelas y eligiendo regalitos para sus amigas.

Y al día siguiente desayuno para llevar al aeropuerto (allí te dejan pasar líquidos y comida sin problemas) y de vuelta para casa con un montón de recuerdos inolvidables.

 

 

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